Lactobacillus lactis

En ocasiones se hace alusión a los términos prebióticos y probióticos con las imprecisiones propias del desconocimiento. En este post queremos deslindar el significado de ambos y ahondar en las ventajas que puede reportarte especialmente el consumo de los segundos, dentro de los cuales se encuentra Lactobacillus lactis y todos los conocidos como lactobacilos.

Distingamos entre prebióticos y probióticos

El grupo al que pertenece Lactobacillus lactis, el de los probióticos (término cuyo significado literal es «para la vida»), está formado por bacterias vivas que nos aseguran un ambiente saludable en el tubo digestivo de cara al procesado de los alimentos. Desempeñan, además, un papel importante en nuestro sistema inmunitario. Puedes obtenerlos de algunos alimentos como yogur, kéfir, chucrut, chocolate negro o kombucha, y de forma más concentrada en suplementos dietéticos.

Por su parte, los prebióticos son mayoritariamente hidratos de carbono más o menos voluminosos (uno muy importante es la inulina). Al ser inatacables por nuestras enzimas, una vez ingeridos quedan libres en el intestino para cumplir su finalidad: nutrir a las bacterias beneficiosas que habitan en él.

Vemos, por tanto, que si hablamos de probióticos nos referimos a células vivas y si lo hacemos de probióticos, a sustancias orgánicas.

Importancia de los probióticos en nuestra salud

De la vinculación que la humanidad ha encontrado históricamente a estos gérmenes con la salud podemos aportar un dato curioso: una versión del Antiguo Testamento asocia la extraordinaria longevidad de Abraham a su hábito de beber «leche agria». Lógicamente, no te habrá resultado difícil relacionarlo con la presencia de probióticos, en concreto lactobacilos, en esa leche que tanto satisfacía al patriarca.

Su papel digestivo

Los probióticos constituyen un puntal básico para el deseable equilibrio en la microflora del tracto digestivo. Esta función la llevan a cabo impidiendo el crecimiento de bacterias nocivas y mejorando la motilidad intestinal. De ahí obtenemos como beneficio, ciñéndonos al ámbito digestivo, una mejor absorción de los nutrientes. Ese objetivo pasa por su síntesis de diferentes sustancias como ácidos láctico y acético y peróxido de hidrógeno, entre otras.

No dejaríamos completa esta descripción de su función digestiva sin recordar su participación en la síntesis de bilis y de jugos gástricos.

Un refuerzo inmunitario

Las bacterias probióticas también se comportan como potenciadores del sistema inmunitario, haciéndolo por dos caminos: estimulando la producción de los anticuerpos IgA (que actúan sobre todo a nivel de mucosas) y de células T reguladoras (una variante de los linfocitos T).

Efectos neurológicos altamente interesantes

Y aunque probablemente te resulte sorprendente, tomar probióticos puede ayudarte a reducir el estrés y a evitar la ansiedad y la depresión. Su motivo radica en la interconexión que se produce entre el cerebro y el intestino debida a que el 90 % de la serotonina se localiza en el tubo digestivo.

Cómplices del adelgazamiento

Si estás intentando perder peso, no te olvides de los probióticos como complemento a una dieta hipocalórica.

En resumen, prebióticos y probióticos (como Lactobacillus lactis), forman un interesante equipo para mantener la salud. Te aconsejamos su inclusión en la dieta, tanto a través de los alimentos como en forma de suplemento.

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